jueves, 24 de julio de 2025

Claus y Lucas: El gran cuaderno

Hacía tiempo que no me pasaba lo de sentarme a leer una novela y no parar hasta acabarla. Es verdad que no es muy larga, pero esto es lo que me pasó con El gran cuaderno, el primero de los tres relatos contenidos en Claus y Lucas, de Agota Kristof.

Alguien, creo que mi amigo Carlos, me recomendó este libro de esta autora húngara para mí desconocida. Yo cogí en la biblioteca la obra publicada por El Aleph en la que se recogen las tres novelas que le dieron, según parece, fama internacional. Me he enterado de que ha sido reeditada por Libros del Asteroide en 2019.

El gran cuaderno está narrado en primera persona del plural y recoge las redacciones escritas por sus protagonistas, hermanos gemelos, como parte de su formación autodidacta en una situación de guerra. 

Nos ponemos a escribir. Tenemos dos horas para tratar el tema, y dos hojas de papel a nuestra disposición.

Al cabo de dos horas, nos intercambiamos las hojas y cada uno de nosotros corrige las faltas de ortografía del otro, con la ayuda del diccionario, y en la parte baja de la página pone: "bien" o "mal". Si es "mal", echamos la redacción al fuego y probamos a tratar em mismmo tema en la lección siguiente". Si es "bien", podemos copiar la redacción en el cuaderno grande.

Para decidir si algo está "bien" o "mal" tenemos una regla muy sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos.

 Así, los capítulos de la novela son breves y se centran en un aspecto de la vida de estos niños en casa de su abuela, "La bruja", donde los deja su madre durante la guerra para alejarlos de la ciudad y que, al menos, puedan comer.

El estilo conciso, seco, directo refleja una realidad muy dura, según parece inspirada en las experiencias de infancia de la autora. 

No sé si leeré las otras dos novelas que completan el volumen. He visto por ahí que la primera es la mejor. Ya veremos. Pero me ha gustado mucho El gran cuaderno, quizás por contraste con los alardes técnicos de David Uclés, mi anterior e inacabada lectura.


miércoles, 23 de julio de 2025

Lectura interrumpida: La península de las casas vacías


Para empezar las lecturas de verano, me puse con La península de las casa vacías, la novela de David Uclés de la que tan bien se está hablando. Las reseñas que he  leído la tildan de "ambiciosa y agitadora", de "soplo de aire fresco", de "acontecimiento literario"... Sabía de ella que abordaba la narración de la Guerra Civil desde la técnica del realismo mágico. Sabía también que a una amiga mía, que me me recomienda lecturas interesantísimas, le había encantado. Luego supe que a otro amigo le decepcionó bastante.

No fue fácil conseguir un ejemplar: no compro muchos libros últimamente, sobre todo por razones de espacio físico. En las bibliotecas de mi entorno estaba prestado y con largas listas de reserva. Finalmente, lo logré (me apunté a una de esas listas). Tenía, por razones que no vienen a cuento, una semana para leerlo y me puse a ello.

Desde las primera páginas, supe que no iba a gustarme. Vaya por delante que no lo acabé. Se pasó la semana y me quedé en la página 207 sin posibilidad de renovación.

Entre mis libros favoritos, siempre lo cito de primero, está Cien años de soledad. Cuando leí a García Márquez, directamente aluciné. La magia de Macondo y sus personajes me la creo siempre. Sin embargo, no puedo con el realismo mágico de Uclés. Me parece recargado, innecesario e increíble. 

Tampoco me gusta ese alarde narrativo que tanto se le alaba. La presencia continua del narrador con esas referencias que él mismo hace a Niebla (la nivola de Unamuno) me parece pretenciosa. Es como si el autor me estuviese recordando todo el tiempo que él sabe escribir (y sabe), que conoce y emplea  distintas técnicas literarias, que me asombre con sus recursos.

Insisto en que no pude llegar ni a la mitad de la novela. Si la tuviera en casa, seguiría leyendo y, seguramente, la acabaría. Tal vez  más adelante, mi opinión hubiera cambiado. Pero dadas las circunstancias, difícilmente la retomaré.