Hacía tiempo que no me pasaba lo de sentarme a leer una novela y no parar hasta acabarla. Es verdad que no es muy larga, pero esto es lo que me pasó con
El gran cuaderno, el primero de los tres relatos contenidos en
Claus y Lucas, de
Agota Kristof.
Alguien, creo que mi amigo Carlos, me recomendó este libro de esta autora húngara para mí desconocida. Yo cogí en la biblioteca la obra publicada por El Aleph en la que se recogen las tres novelas que le dieron, según parece, fama internacional. Me he enterado de que ha sido reeditada por Libros del Asteroide en 2019.
El gran cuaderno está narrado en primera persona del plural y recoge las redacciones escritas por sus protagonistas, hermanos gemelos, como parte de su formación autodidacta en una situación de guerra.
Nos ponemos a escribir. Tenemos dos horas para tratar el tema, y dos hojas de papel a nuestra disposición.
Al cabo de dos horas, nos intercambiamos las hojas y cada uno de nosotros corrige las faltas de ortografía del otro, con la ayuda del diccionario, y en la parte baja de la página pone: "bien" o "mal". Si es "mal", echamos la redacción al fuego y probamos a tratar em mismmo tema en la lección siguiente". Si es "bien", podemos copiar la redacción en el cuaderno grande.
Para decidir si algo está "bien" o "mal" tenemos una regla muy sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos.
Así, los capítulos de la novela son breves y se centran en un aspecto de la vida de estos niños en casa de su abuela, "La bruja", donde los deja su madre durante la guerra para alejarlos de la ciudad y que, al menos, puedan comer.
El estilo conciso, seco, directo refleja una realidad muy dura, según parece inspirada en las experiencias de infancia de la autora.
No sé si leeré las otras dos novelas que completan el volumen. He visto por ahí que la primera es la mejor. Ya veremos. Pero me ha gustado mucho El gran cuaderno, quizás por contraste con los alardes técnicos de David Uclés, mi anterior e inacabada lectura.