En los últimos días de agosto, que no del verano (espero), he leído dos obras muy distintas.
La primera fue Hotel Savoy, de Joseph Roth, una recomendación de Carlos que tenía pendiente. La segunda, otra recomendación de Celia, El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza.
La verdad es que me gustó mucho. Con un estilo muy poético, consigue sumergirte en un mundo onírico y surrealista, tierno y emotivo, pero duro a la vez por las historias de los desgraciados habitantes del último piso.
Estos son dos fragmentos del capítulo primero:
En todas las ciudades del mundo existen Savoys, más o menos grandes, y en todas partes los pisos altos son ocupados por los Santschin, que se asfixian entre vapores de coladas de otras gentes. (...)
Entonces sentí crecer en mi interior un gran odio contra el Hotel Savoy, en el que los unos vivían y los otros morían, en el que Ignatz embargaba los equipajes y las muchachas tenían que desnudarse completamente ante fabricantes y agentes inmobiliarios (...). No dejaré que Stasia me convenza para que me quede, pienso.

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