El fin de curso es un momento intenso. A todo el trabajo de evaluación final se suma el cansancio acumulado y, este año, todo el papeleo asociado al inminente cambio legislativo. Es por eso que he optado por la lectura de relatos cortos.
Mi hija Celia me recomendó dos libros de dos autoras americanas para mí totalmente desconocidas: Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero, y Siete casas vacías, de Samanta Schweblin.
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El primer relato de Pelea de gallos, "Subasta", me cogió de sorpresa. Celia me había advertido de que no eran cuentos amables, pero aún así me cogió desprevenida. No es lectura para antes de dormir, pero yo no lo sabía. Su temática y su prosa directa y cruda no pueden dejar indiferente a nadie.
En general, el libro me gustó. Evidentemente, unos relatos más que otros. Me pareció muy interesante acercarme a esta nueva narrativa hispanoamericana, que bebe, sin duda en muchos casos, de la fuente del realismo mágico y que incorpora la temática de la violencia contra las mujeres desde la perspectiva de las mujeres de esta generación.
Con Siete casas vacías ganó la argentina Samanta Scheweblin el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero. El libro está formado por siete cuentos, aunque uno de ellos, "Un hombre sin suerte", no estaba en el manuscrito que ganó el premio. Son relatos inquietantes que nos enfrentan con terrores cotidianos. Extraños relatos costumbristas que atrapan y desasosiegan.
Dos lecturas que recomiendo aunque no sean, desde luego, los típicos libros ligeros y amables para las vacaciones estivales.


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