Así comienza esta novela de Amélie Nothomb, nacida en Japón, de ascendencia belga y residente en París; autora de éxito de la que no había leído nada.
Amélie Nothomb reconstruye en Primera sangre la historia de su padre, que aparece como narrador en primera persona.
Los doce hombres me apuntan. ¿Veo pasar mi vida ante mí? Lo único que experimento es una revolución extraordinaria: estoy vivo. Cada momento es divisible hasta el infinito, la muerte no podrá alcanzarme, me sumerjo en el núcleo duro del presente.
A partir de aquí, con una gran analepsis, nos trasladamos desde Congo de 1964 hasta la Bélgica de 1939. Nos adentramos en los recuerdos de una vida interesante, divertida y tierna: relaciones familiares, primeros amores, primeras lecturas, amigos, estudios, boda...; hasta llegar al momento del inicio de la novela, que no pudo dejar de recordarme (salvando todas las distancias) al principio de Cien años de soledad).
Por ponerle un pero, creo que el último capítulo se hace un poco largo, un poco descompensado con el resto de la narración; aunque puedo comprender su interés histórico.
Y como curiosidad personal, entiendo la frustración del protagonista ante su incontrolable hemofobia. Pero todo se cura (o casi todo).
Lectura fácil y recomendable para empezar el verano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario