miércoles, 12 de julio de 2023

Maddi y las fronteras, de Edurne Portela

Me habían dicho que Edurne Portela escribía bien, por eso, cuando vi en la biblioteca del instituto que se había comprado Maddi y las fronteras, me decidí a traérmela para el verano. 
En la novela, la autora adopta la primera persona narrativa para reconstruir la historia de María Josefa Sansberro, Maddi, quien después de divorciarse, regentó un hotel  en la frontera entre Francia y España en la década de los 30 del siglo pasado.
La documentación sobre esta mujer le fue entregada a Edurne Portela para que contase la historia, y ella, completando lo que faltaba con su imaginación, tomó la decisión de ponerse en el lugar de la protagonista y apropiarse de su voz, tal y como explica en el epílogo.
En el Preludio, la Maddi de Edurne Portela se dirige a la autora desde el campo de concentración de Sachsenhausen, en 1944: 
"Intentas entenderme, completar mi biografía, imaginar este final. Rellenar todos los vacíos, esclarecer las incógnitas que te suscitan mi vida y que hoy por fin se acabará (...) Serás responsable de la memoria que de mí quede en aquellos que abran estas páginas. No inventes demasiado. No imagines demasiado. Demasiado nunca será suficiente".
Y, al final del epílogo, es la autora quien le habla a María Josefa Sansberro (y a su prima Marie Jeanne):
Me sonríes y yo a vosotras, extiendo la mano y acaricio también a Zuri. Os pido disculpas, por si acaso he escrito algo que no os haya gustado, y yo soy quien os saca la foto, quien os fija en este libro al que ahora pongo punto y final.
Además de confirmar lo que me habían dicho sobre eso estilo de su autora, Maddi y las fronteras me parece una magnífica novela. Que esté basada en la vida de una mujer real es interesante, pero no lo fundamental para mí (sabemos mucho sobre lo terrible de esa época, aunque actualmente parece que algunos quieren blanquearlo).
Me parece un acierto la narración fragmentada, con continuas elipsis, con la alternacia de fragmentos narrativos, algunos con muchos diálogos, con otros reflexivos y secuencias en segunda persona dirigidas a ese Dios insensible al dolor humano que recuerdan a algunos textos de la poesía desarraigada (de Dámaso Alonso o Blas de Otero, por ejemplo). 
Dicen que no es lo mejor que ha escrito Edurne Portela, así que voy a leer alguna de sus novelas anteriores, porque me parece una autora interesante.

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