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martes, 1 de septiembre de 2026

Circe ou o pracer do azul, de Begoña Caamaño

Mucha gente me había hablado muy bien de esta autora a la que se le dedicaron la Letras Galegas de este año. Dos son sus novelas más reconocidas: Morgana en Esmelle y Circe ou o pracer do azul. Me decidí por esta última porque mi amiga Pili me dijo que a ella le gustaba más.

Lo cierto es que las expectativas altas suelen defraudar y eso es lo que me pasó a mí, supongo.

En Circe, Begoña Caamaño hace una reinterpretación del mito de Penélope con una visión claramente feminista. Mientras Ulises está Eea con Circe, la diosa le escribe a la esposa abandonada confesándole que se ha enamorado perdidamente del héroe y le pide perdón por ello. Esto da pie al inicio de un intercambio epistolar entre las dos mujeres que acaban sintiéndose cómplices y amigas, a pesar de que la situación de inicio pudiera haber sido propicio para la enemistad. Y es que, al final, triunfa la sororidad,

Además de la relación entre las dos mujeres, que se desarrolla como ye he comentado a través de cartas, la voz narrativa en tercera persona se centra en las relaciones personales de Penélope con su hijo Telémaco, con sus suegros y con otras mujeres de su familia, como la bella Helena. Esto le sirve para revisar también los mitos que envuelven a estos personajes, casi todas mujeres que sufrieron por culpa de figuras masculinas.

En fin, me parece un libro que está bien como lectura de bachillerato. Y aún así, creo que es tan repetitivo que, dado el ritmo de las historias que enganchan hoy a los jóvenes, le pondrían pegas.


lunes, 3 de agosto de 2026

El regreso de lo exiliados, de Eisabeth de Waal

 Cuando mi amiga Pili supo que me iba de viaje a Viena, me dejó este libro que sabía que  me iba gustar.

Empecé El regreso de los exiliados en el vuelo Barcelona-Viena y me enganchó ya desde el prólogo, donde el nieto de la propia Elisabeth de Vaal nos cuenta algunas cosas sobre ella y sobre la novela.  A decir verdad, no lo retomé hasta estar de vuelta en casa, pero creo que así lo disfruté aún más, pues, aunque está ambientada en la Viena de mediados del siglo XX, me encantó poder reconocer lugares, costumbres y datos históricos que había conocido durante esa semana que estuvimos allí.
La novela se centra en la vida de unos pocos personajes, algunos de los cuales regresan a Viena por distintos motivos en los momentos finales de la ocupación de la ciudad tras la derrota de Hitler.
Especialmente me gustó la historia del científico judío Kuno Adler, retornado de Estados Unidos después del fracaso de su matrimonio y de la incapacidad de adaptarse a la sociedad americana; interesante me pareció la del potentado Theophil Kanakis y un poco folletinesca, la de la joven  Marie- Theres (Resi). Sus vidas en entrelazan con las de algunos habitantes de Viena pertenecientes, en su mayoría, a la antigua aristocracia.

Con una prosa cuidada y ágil (la traduccíón de Celia Filipetto supongo que también ayuda), la lectura de esta novela se convirtió en uno de los pequeños placeres del principio del verano.

viernes, 31 de julio de 2026

Orquideísta, de Vidya Narine

Vuelve el verano y con él mis reseñas. Este año empiezo un poco tarde, pero empiezo y bien, porque el primer libro sobre el que voy a escribir me ha gustado mucho. Voy a empezar por el principio.


Tengo dos orquídeas en casa; una mía y otra adoptada. La mía me la regaló mi amiga Mar hace dos años (ya casi tres) por mi cumpleaños; la otra es de Celia. Fue ella quien me introdujo en el mundo de estas plantas. A ella le encantan y se esmera mucho en su cuidado. Como siempre está fuera, yo me encargo de sus orquídeas: dos en su casa y una, la más grande, en la mía.

Por Navidad, Celia me regaló este libro, Orquideístas, porque le tuvo buena pinta. Desde ese día, reposó en el salón en una mesita auxiliar al lado de la orquídea de Celia. Quedaba muy bien porque, como objeto, es también bonito.

Orquideístas, de Vidya Narine, es una novela deliciosa.

Diez años después de hacerse propietario de una exquisita tienda parisina  de orquídeas, el protagonista y narrador, Sylvain du Bois, en crisis,  reflexiona sobre su vida y sobre la sociedad en la que vivimos, a la vez que cuenta historias sobre exploradores y científicos relacionados con estas plantas.

En la obra se entrelazan la historia de las orquídeas (cómo surgieron, cómo fueron descubiertas y cultivadas las distintas especies, cómo se extendieron por el planeta, cómo pasaron de ser un símbolo del lujo y la distinción a poblar las estanterías de todos los supermercados) con la historia del protagonista (la indagación sobre cómo el temprano suicidio de su padre marcó toda su vida y en cómo su trabajo de orquideísta le dio sentido durante un tiempo ya agotado a su existencia).


Hace ochenta millones de años, en un paisaje desolado entre las lavas de los volcanes y las humaredas de azoe, una semilla fina como el polvo halló un hongo que, a  su vez, también había crecido por una especie de milagro. La semilla se nutrió y germinó, y sus sensacionales flores, capaces de vivir durante meses sin pestañear, partieron a dispersarse por todo el planeta, al antojo de los movimientos de la corteza terrestre. Colores, perfumes, formas de los pétalos. longevidad de floración... cada orquídea es un misterio nacido de un hongo.

Está la rama de mi desposesión, y luego la tropical, sobre la que crece la orquídea. Un bosque fantasma de partida doble. Me he empeñado en contemplar la parte de arriba, la belleza de los pétalos, más que el sustrato, para salvar el pellejo. Me marcho a explorar las profundidades, y acaso encuentre un micelio. Toda una vida posible nacida de una tierra malograda. (Ed. Las afueras, 2025-pág. 35 -36)

Una novela con un prosa muy poética que he leído con muchísimo agrado (y con el móvil cerca para ir buscando las imágenes de todas las especies de las que se habla). Muy recomedable para los amantes de las orquídeas y para los que no lo son, también.

 FRAGMENTOS

Allá donde voy me sigue un abismo. Lo conozco, lo he visto otras veces, pero antes sabía por qué estaba allí. ¿Es el mismo? Se le asemeja mucho. Cuando mi padre murió, solté un grito para mis adentros y ahogarlo me llevó un tiempo desmedido. Un día se apagó y ya no volví a pensar en él. Lo había llenado de musgos de turbera, fibras de coco y corteza de pino. (pág.24)


Persigo la historia de esta flor que crece agarrada a las ramas, desciendo por el tallo hacia el nudo de sus orígenes y encuentro un hilo roto, el de mi padre. Pese a mis esfuerzos, la savia aún gotea del pie del troco de mi árbol. Pongo el dedo para cauterizar la herida. Todo lo que sé de este árbol es que no habría sido el mismo de no existir el bosque. (pág, 27)